13o. Dom Ord Ciclo A
(Id=441)
Este es un hombre de Dios
Lectura del segundo libro de los Reyes
4, 8-11.14-16a
Un día pasaba Eliseo por la ciudad de Sunén y una mujer distinguida lo invitó con insistencia a
comer. Desde entonces siempre que Eliseo pasaba por allí, iba a comer a su
casa. En una ocasión, ella le dijo a su marido:
"Yo sé que este hombre que con tanta frecuencia nos visita, es un hombre
de Dios. Vamos a construirle en los altos una pequeña habitación. Le pondremos
allí cama, mesa, silla y lámpara, para que se quede allí, cuando venga a
visitarnos".
Así se hizo y cuando Eliseo regresó a Sunén, subió a
la habitación y se recostó en
"¿Qué podemos hacer por esta mujer?"
El criado le dijo:
"Mira, no tiene hijos y su marido ya es un anciano".
Entonces dijo Eliseo:
"Llámala".
El criado la llamó y ella, al llegar, se detuvo en
"El año que viene, por estas mismas fechas, tendrás un hijo en tus
brazos".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Del salmo 68
Escúchame, Señor, porque eres bueno.
Misericordias Domini
in aeternum cantabo
Por ti he sufrido oprobios y la
vergüenza cubre mi semblante. Extraño soy y advenido, aun para aquellos de mi
propia sangre; pues me devora el celo de tu casa, el odio del que te odia, en
mí recae.
Escúchame, Señor, porque eres bueno.
Misericordias Domini
in aeternum cantabo
A ti, Señor, elevo mi plegaria, ven a mi
ayuda pronto; escúchame conforme a tu clemencia, Dios fiel en el socorro.
Escúchame Señor, pues eres bueno en la ternura vuelve a mi mis ojos.
Escúchame, Señor, porque eres bueno.
Misericordias Domini
in aeternum cantabo
Se alegrarán, al verlo, los que sufren;
quienes buscan a Dios tendrán más ánimo, porque el Señor jamás desoye al pobre
ni olvida al que se encuentra desencadenado. Que lo alaben por esto cielo y
tierra, el mar y cuanto en él habita.
Escúchame, Señor, porque eres bueno.
Misericordias Domini
in aeternum cantabo
El bautismo nos sepultó con Cristo para que llevemos una vida nueva
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
6, 3-4.8-11
Hermanos: Todos los que hemos sido incorporados a Cristo Jesús por medio del
bautismo, hemos sido incorporados a su muerte. En efecto, por el bautismo
fuimos sepultados con él en su muerte, para que, así como Cristo resucitó de
entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros llevemos una
vida nueva.
Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguros de que también
viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los
muertos, ya nunca morirá. La muerte ya no tiene dominio sobre él, porque al
morir, murió al pecado de una vez para siempre; y al resucitar, vive ahora para
Dios. Lo mismo ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en
Cristo Jesús, Señor nuestro.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Ustedes son linaje escogido, sacerdocio real, nación consagrada a Dios, para
que proclamen las obras maravillosas de Aquél que los llamó de las tinieblas a
su luz admirable.
Alleluia. Vos genus electum,
regale sacerdotium, gens
sancta; virtutes anuntiate eius quae de tenebris
vos vocavit in admirabile
lumen suum. Alleluia;
Aleluya.
El que no toma su cruz, no es digno de mí. Quien los recibe a ustedes, me
recibe a mí
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo
10, 37-42
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles:
"El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el
que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma
su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí, la salvará.
Quien los recibe a ustedes, me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al
que me ha enviado.
El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el
que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo.
Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fresca a uno de estos
pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su
recompensa".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Nuestra salvación por el Hijo de Dios hecho hombre
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias
siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque manifestaste admirablemente tu poder, no sólo al socorrer nuestra débil
naturaleza con la fuerza de tu divinidad, sino al haber previsto el remedio en
la misma debilidad humana, y de lo que era nuestra ruina haber hecho nuestra
salvación, por Cristo, Señor nuestro.
Por Él,
los ángeles te cantan con júbilo eterno, y nosotros nos unimos a su voces cantando humildemente tu alabanza:
[Misa]
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